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Sábado, 21 Marzo 2015 00:00

Nicaragua exploraría mercado con Rusia

Rusia es un mercado muy grande que debe ser explotado comercialmente en los próximos años.

Miércoles, 18 de Marzo de 2015

MANAGUA. El titular de la Comisión de Asuntos Exteriores de la Asamblea Nacional de Nicaragua (Parlamento), el sandinista Jacinto Suárez, propuso ayer al Estado y a los empresarios locales explorar el mercado con Rusia.

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Con el incremento del consumo en China, el mayor productor de cacao en Centroamérica quiere convertirse en líder mundial.

Managua. 05 mayo 2014. La debilidad del mundo por el chocolate puede convertirse en la fortaleza económica de varios países latinoamericanos, especialmente de los productores emergentes de cacao, como lo es Nicaragua.

El mundo consume nada menos que 20 millones de kilogramos de chocolates diarios, un volumen que está en aumento gracias a la afición a los dulces de los chinos. Las ventas de cacao a China subieron a más del doble en los diez últimos años, superando a Europa Occidental, el mayor consumidor. Este año, los precios del fruto ya han subido un 25%, a 2.800 dólares la tonelada.

Nicaragua quiere capitalizar este voraz apetito con un producto gourmet, orgánico y de calidad superior que el de sus competidores inmediatos: nada menos que Brasil y Ecuador, que figuran entre los 10 mayores productores del mundo. Según cifras oficiales, hasta noviembre de 2013, el cacao generó ingresos al país por 5,23 millones de dólares, 25% más que de todo 2012.

El potencial de crecimiento productor y exportador de cacao nicaragüense es enorme: el país tiene 2.72 millones de manzanas (1,9 millones de hectáreas) de tierra con potencial para sembrar cacao, pero según datos del IV Censo Nacional Agropecuario solo 15,735 manzanas (11.000 hectáreas) están dedicadas al cultivo.

Detrás de las barras de chocolate, miles de campesinos trabajan desde mediados del siglo XVI el “fruto de los dioses” - como se llamaba en la antigua cultura maya al cacao- que gana fama internacional después de que el conquistador español Hernán Cortés lo bebiera junto a Moctezuma y lo llevara a la madre patria.

Sin embargo, se cree que fue en Nicaragua donde Cristóbal Colón conoció el cacao por primera vez, aunque no le prestó mucha atención. Y es ahí mismo donde el cultivo del cacao y la producción del chocolate se están convirtiendo en la actualidad en el motor de la economía de los campesinos.

Nicaragua es hoy el principal productor de cacao de Centroamérica, donde en el último año se cosecharon casi 5.800 toneladas de las cuales un 60% se destina a la exportación y el resto es consumido a nivel interno.

Si bien el cacao es originario de América, en la actualidad el mercado de cacao está dominado por África: Costa de Marfil es el principal productor mundial del fruto. Por su parte, América Latina produce más del 15,4% del cacao que se consume en el mundo, con Brasil y Ecuador a la cabeza.

Cacao orgánico y ¿más barato?

A pesar de la alta competitividad del mercado, Nicaragua ostenta diversas características que lo vuelven un paraíso para el cultivo de este fruto.

Por un lado, las condiciones climáticas de gran parte del territorio nicaragüense - las del trópico húmedo- son ideales para el cultivo. Además, es un excelente sustituto para otros productos como el café, ya que combinado con los sistemas agroforestales, puede ayudar a crear microclimas, mitigando así los bruscos cambios climáticos que se registran en los últimos años.

Reconocido como fino en aroma y sabor, el cacao nicaragüense es de alta calidad y ya ha comenzado a ser demandado desde el exterior fundamentalmente en el resto del Istmo, adonde se destina el 62% de las exportaciones, seguido por Europa con un 37%.

Parte de este éxito se debe a los 10,500 productores de cacao que existen en el país, de los cuales el 98% de ellos son pequeños productores de 1 a 5 manzanas (entre 1 y 7 hectáreas) que han implementado sistemas para mejorar el cultivo y priorizar la producción orgánica.

Uno de ellos es Doña Brenda Salazar, vecina de una remota comunidad en la Región Autónoma del Atlántico Norte de Nicaragua (RAAN), quien no tiene dudas cuando afirma que debido a su inserción en el cultivo del cacao ha logrado dejar atrás su época de pies descalzos para proyectarse como una gran empresaria de un pueblo que antes carecía hasta de agua potable.

“Antes mi vida era la casa, yo era una mujer dormida. Con el cultivo del cacao, aprendimos a negociar, a hacer contratos, a plantar, a aprovechar la tierra” explica Doña Brenda, quien está al frente de la Cooperativa Nuevo Sol. Ella es una de las casi 7 mil personas que participan de un proyecto de manejo sostenible en sistemas agroforestales que cuenta con apoyo del Banco Mundial y está destinado a indígenas, campesinos y afrodescendientes, desarrollado en la RAAN y en Matagalpa, donde la mayoría de las beneficiadas han sido mujeres.

Esta iniciativa logró consolidar el trabajo de 29 organizaciones de la región, mediante capacitación tanto en producción orgánica y certificación, como en cálculo de costos, mercadeo y planes de negocios.

Según los expertos, los ahora empresarios del cacao están listos para entrar en los mercados mundiales dada la buena calidad de su producto que, además, es orgánico y más barato, a diferencia de los altos costos que se considera tiene la producción natural.

“La costos de la producción orgánica son más bajos que los convencionales, aumenta la productividad, mejora tanto el medio ambiente como la calidad de vida de los productores y ofrece al comprador un producto más saludable”, explica la especialista en desarrollo social del Banco Mundial, Mary Lisbeth González.

*Con la contribución de Cynthia Flores Mora.

 

María Victoria Ojea es productora en línea del Banco Mundial

Artículo original: http://internacional.elpais.com/internacional/2014/05/05/actualidad/1399322047_779835.html

 

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Agricultores han sustituido el cultivo de granos básicos por la uva, apostándole a esta industria.

 

Hasta 400 quintales de uva por manzana se pueden producir anualmente a partir del segundo año de cosecha, indica el viticultor Rufo Centeno. En su localidad, la uva se vende en 25 córdobas por libra.

 

El origen de su cultivo es tan antiguo como la humanidad y su consumo tan diverso que de igual forma simboliza creencias religiosas y tradiciones profanas.

Y aunque su producción se considera propia de países de clima frío, en Las Segovias, al norte de Nicaragua, un grupo de productores se ha propuesto demostrar que la uva también puede adaptarse al trópico y además convertirse en una opción rentable en la agricultura de subsistencia.

Los buenos resultados obtenidos en las plantaciones de Jorge Rodríguez y Rufo Centeno han animado a pequeños productores de Condega y Palacagüina a convertirse en viticultores.

Al menos quince han sustituido el cultivo de granos básicos y hortalizas por el de uvas, y aunque la mayoría posee parcelas que no pasan de una manzana, la actividad les permite obtener ingresos para solventar las necesidades básicas de sus familias.

“En los dos años que llevo cultivando uva he logrado pagar todas las deudas que había acumulado en los casi veinte años que me dediqué a sembrar granos básicos y hortalizas. Además el nivel de vida de mi familia ha mejorado muchísimo y estoy asegurando la educación de mis hijos”, afirma Miguel Ángel Sáenz Vallecillo, quien cultiva media manzana de uva en Palacagüina.

“Cuando sembraba maíz en una manzana lo más que sacaba eran 20,00 córdobas, en cambio con la uva, aunque solo tengo sembrada media manzana, he llegado a sacar hasta 200,000 córdobas en el año, por eso estoy empeñado en extender el cultivo a toda la manzana de tierra que tengo, porque en los cuatro años que me he dedicado a esto hasta una casa pude construir y también comprar una moto y un motor”, asegura Jaime Morales Ponce, de la comunidad Las Torres, en Palacagüina.

La diferencia en el margen radica en que con el maíz obtenía un rendimiento promedio de 50 quintales por manzana, que vendidos a unos 400 córdobas cada uno le generaban un promedio de 20,000 córdobas en ingresos en cada cosecha.

En cambio, “con un manejo adecuado, a partir del segundo año de producción se puede garantizar que la parra produzca hasta 200 quintales por manzana y que dé dos cosechas al año. Es decir, obtener hasta 400 quintales anuales por manzana”, dice Rufo Centeno, ingeniero agrícola y pionero de este cultivo en la zona.

En esta localidad la uva se vende a un precio promedio de 25 córdobas por libra, lo que genera ingresos de hasta 500,000 córdobas anuales por manzana.

“Además en los últimos meses el Ministerio de Economía Familiar y Comunitaria nos dio un módulo en el parque de ferias. Entonces los fines de semana de feria llevamos la producción a Managua. Ahí vendemos a 40 córdobas cada libra”, manifiesta Sáenz.

Los viticultores coinciden en que estos rendimientos compensan la inversión inicial y el mantenimiento del cultivo.

El costo de inversión para el establecimiento de un viñedo es de hasta US$12.000 por manzana (unos 306,000 córdobas).

“Eso incluye la adquisición de las 800 plantas que requiere el área, los postes y el alambre necesarios para construir la enramada, la instalación del riego y los insumos necesarios para tratar el cultivo durante un año. Es decir, durante el tiempo que toma la plantación en proporcionar la primera cosecha”, explica Centeno

Posteriormente, como ya se tienen los costos fijos, se genera un costo de mantenimiento que puede ser de hasta US$4.000 por manzana cada año (102,000 córdobas). Esto incluye mano de obra e insumos para el control de plagas y enfermedades, fertilizantes y riego.

Pese a la creencia de que la uva es una fruta exclusiva de la temporada navideña, las cualidades del suelo y el clima de la zona permiten a los viticultores locales obtener dos cosechas al año. Y su meta es establecer podas graduales en los surcos, para garantizar que la producción sea permanente.

Cada plantación tiene una vida útil de hasta diez años. Sin embargo, las dos podas anuales que deben realizarse para garantizar las cosechas permiten obtener esquejes para cultivar nuevas áreas y renovar las antiguas en el momento en que se requiera.

Sáenz y Morales lamentan no contar con el apoyo técnico de las autoridades agrícolas y coinciden en la falta de la asistencia adecuada. Las prácticas implementadas por los productores Rodríguez y Centeno se han convertido en modelo de referencia para el manejo de los viñedos.

Los productores afirman que las variedades de uva roja y negra que producen no tienen nada que envidiar a las que se traen del exterior. Pero ante la falta del apoyo técnico, es a base de pruebas y errores que están logrando optimizar la calidad de la producción.

Recuerdan que al principio no dejaban que los racimos permanecieran las 21 semanas requeridas para garantizar una adecuada maduración (con 17 grados de azúcar), lo que generaba un sabor ácido a las uvas.

“Ahora nuestra uva es tan dulce como la que viene del exterior y la buena aceptación está generando muchos interés en los productores de la zona para extender el cultivo”, manifiesta orgulloso Morales.

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